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El Instituto de Física Corpuscular de Valencia ocupa el puesto 15 entre las principales instituciones mundiales que contribuyen a esta disciplina, por delante de Caltech o el MIT

 

El Instituto de Física Corpuscular (IFIC, Centro de Excelencia Severo Ochoa del CSIC y la Universitat de València) es el primer centro de investigación español por su contribución reciente a la física fundamental, según el Biblioranking fundamental physics. El IFIC ocupa el puesto 15 en una lista de 80 centros de investigación y universidades de todo el mundo según la calidad e impacto de las publicaciones científicas de sus investigadores. La lista la encabeza el CERN, el laboratorio europeo de física de partículas con sede en Ginebra (Suiza), seguido de Fermilab y Brookhaven, ambos en Estados Unidos, aunque el IFIC se sitúa por delante de instituciones como Caltech, el MIT o las universidades de Oxford y Stanford.

 

El estudio analiza las publicaciones en ‘física fundamental’ recogidas en el sistema de información INSPIRE, que contiene un millón de artículos publicados en 4.000 revistas por 100.000 autores de 10.000 instituciones. Esta base de datos es una referencia en física de partículas, física nuclear, física de astropartículas y relatividad general y cosmología, disciplinas científicas que estudian los constituyentes de la materia y las fuerzas que los gobiernan.

 

Los autores, Alessandro Strumia (CERN) y Riccardo Torre (INFN), proponen nuevos métodos para evaluar la excelencia de un autor o artículo utilizando más factores que los empleados tradicionalmente, como el número total de citas acumulado o el llamado ‘índice h’. El objetivo es evitar la conocida como ley de Goodhart, que se resume así: “cuando un indicador se convierte en un objetivo, pierde su contenido informativo”. Sus métodos se basan en algoritmos como el PageRank de Google para evitar sesgos como las auto-citas, o que un artículo acumule muchas citas solo en una comunidad científica o en círculos muy reducidos.

 

De esta forma se pretende disminuir el predominio reciente de las publicaciones de grandes colaboraciones experimentales como ATLAS o CMS, formadas por más de 3.000 científicos cada una. En el estudio también diferencian los autores y artículos más recientes, e introducen factores para corregir la co-autoría en los artículos y el número de publicaciones en áreas con mayor productividad. Siguiendo este método, los autores suman el total de citas individuales obtenido por los artículos según la filiación de sus autores, esto es, el centro de investigación donde trabajan, para establecer una lista de 80 laboratorios y universidades según su aportación a la física fundamental.

 

Según esta clasificación, el CERN encabeza la lista de publicaciones, tanto desde el punto de vista histórico como reciente. En cuanto a contribuciones recientes, artículos publicados a partir de 2010, el IFIC ocupa el puesto 15 de la lista junto al Laboratorio Nacional Lawrence de Berkeley (EE.UU.), y por delante de conocidas instituciones como Caltech (17º), el MIT (19º), la Universidad de Stanford (20º), Princeton (23º), Harvard (31º), Oxford (33º) o Zurich (42º). En esta clasificación hay otro centro de investigación español, el Instituto de Física Teórica (IFT, UAM/CSIC) en el puesto 54.

 

El IFIC, tercero del mundo en fenomenología

 

El ranking ofrece también puntuaciones para cada área. Así, el IFIC es el tercer centro del mundo por su aportación a la denominada ‘fenomenología de física de altas energías’, que consiste en la aplicación de teorías y cálculos a los experimentos. Sólo el CERN y Fermilab, los dos laboratorios que han dominado la física de partículas en las últimas décadas, están por delante del IFIC en este campo. Otras áreas donde destaca el centro de excelencia valenciano son la física de partículas experimental, la física de astropartículas y la física nuclear teórica.

 

El Instituto de Física Corpuscular (IFIC) es un centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y la Universitat de València dedicado a la investigación en Física Nuclear, de Partículas y de Astropartículas y a sus aplicaciones, tanto en Física Médica como en otros campos de la Ciencia y la Tecnología. Con una trayectoria que se remonta a los años 50, el IFIC es pionero en España en la investigación de los constituyentes de la materia. Participa en experimentos internacionales como los que se llevan a cabo en el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) del CERN, KM3NeT o FAIR, ambos considerados infraestructuras científicas prioritarias para Europa. En 2015 obtuvo la acreditación como Centro de Excelencia Severo Ochoa por la notoriedad de sus contribuciones científicas tanto a nivel nacional como internacional, su impacto en la sociedad y la industria y su capacidad para atraer talento.

El colectivo Carta por la Ciencia ha entregado hoy en el Congreso de los Diputados las mas 277.000 firmas recogidas en la plataforma Change.org para denunciar la situación de "progresivo abandono" de la ciencia española y solicitar una nueva política científica.

 

El colectivo Carta por la Ciencia ha entregado hoy en el Congreso de los Diputados las mas 277.000 firmas recogidas en la plataforma Change.org para denunciar la situación de "progresivo abandono" de la ciencia española y solicitar una nueva política científica.

 

La iniciativa se inició el pasado 4 de febrero en Change.org por una plataforma que engloba a la Confederación de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE), la Confederación de Sociedades Científicas de España (Cosce), CC.OO., UGT y la Federación de Jóvenes Investigadores.

Tras la entrega formal de las firmas, llevada a cabo por varios miembros del Consejo Asesor y el Consejo Rector de la Agencia Estatal de Investigación, el colectivo ha leído un manifiesto en el que denuncian los recortes en ciencia, la no ejecución de varias partidas presupuestarias y la restricción de plazas de investigación.

 

Denuncian, además, la falta de apoyo a infraestructuras científicas y la reducción de subvenciones a proyectos.

 

También lamentan el retraso de un año de la puesta en marcha del nuevo Plan Estatal de Investigación Científica y Técnica y de Innovación (2017-2020) y el descenso de los fondos para los Proyectos de I+D+i del Programa Estatal de Investigación, Desarrollo e Innovación.

 

Todas estas denuncias, recogidas en el manifiesto, se concretan en cuatro peticiones: la vuelta a la situación presupuestaria para I+D del año 2009 que conllevaría un incremento en inversión de 525 millones de euros por año, la implementación de normas que aseguren estabilidad a estos fondos, la mejora en la gestión de la actividad científica y el apoyo de la presencia española en las sociedades internacionales.

 

"Esta carta y estos mensajes son el espejo en el cual los diputados y los representantes de los partidos políticos dedicados a ciencia tienen que mirarse para saber que la sociedad española está exigiendo salvar un sistema que está al borde del desastre", declaró la vocal del Consejo Rector de la Agencia Estatal de Investigación, Alicia Durán.

 

En cuanto al proyecto de los Presupuestos Generales del Estado, recientemente presentado, que prevé el crecimiento de un 8,7 % de gasto real en la Función 46 - la destinada a I+D -, Durán aseguró que, "cuando se ve la letra pequeña, la distribución no tiene nada que ver porque se centra en Defensa, que aumenta de forma escandalosa pero no lo hace para la Agencia Estatal de Investigación", concluyó Durán.

 

Según los datos de la Fundación COTEC, durante la crisis, los países de la Unión Europea aumentaron su inversión en I+D un 25 % de media, mientras que España disminuyó en un 10%.

 

En cuanto a las instituciones españolas, el colectivo Carta por la Ciencia puso como ejemplo que los recursos públicos de la Universidad descendieron un 15 % desde 2008 a 2014 y que el CSIC ha perdido a más de 4.000 personas -un 10 % de su plantilla- desde 2011.

 

El diputado de IU, Alberto Garzón, que asistió a la presentación del manifiesto señaló que "cuando se ponen de acuerdo tantos actores del mundo de la ciencia e instituciones tan acreditadas para recoger firmas, se pone de relieve un gran problema en la inversión que se hace en ciencia en nuestro país".

El Archivo Europeo de Genomas, el repositorio de datos genómicos más grande de Europa, situado en Barcelona, custodia ya datos de más de 800.000 pacientes de todo el mundo con el objetivo de facilitar a los científicos la investigación de diversas enfermedades.

 

El Archivo Europeo de Genomas, el repositorio de datos genómicos más grande de Europa, situado en Barcelona, custodia ya datos de más de 800.000 pacientes de todo el mundo con el objetivo de facilitar a los científicos la investigación de diversas enfermedades.

 

Según ha explicado el secretario de Universidades e Investigación de la Generalitat de Cataluña, Arcadi Navarro, en una rueda de prensa, esta iniciativa ha hecho posible un nuevo tipo de investigación que permite acelerar las redes cooperativas, que, de otro modo, "tardarían mucho más tiempo, en el caso de que llegasen a producirse".

 

La genómica médica es una disciplina emergente que ya se usa para el diagnostico y tratamiento de enfermedades raras y de algún tipo de cáncer.

Así, los datos de este archivo, EGA en sus siglas en inglés, han servido, entre otras, para identificar las variantes genéticas responsables de diversas enfermedades minoritarias, como por ejemplo, una patología ultrarara que se caracteriza por el nacimiento de bebés sin nariz y con defectos oculares.

 

En este sentido, actualmente, y después de casi cinco años de trabajo en la que ha colaborado activamente la Fundación Bancaria la Caixa, el EGA cuenta con más de 4.000 grupos de datos, lo que supone alrededor de 800.000 pacientes, que sirven para llevar a cabo más de 1.500 estudios internacionales.

 

Estos datos están custodiados por el Supercomputing Center de Barcelona y suponen un almacenaje de más de 4,5 petabytes de información (4.500.000 gigabytes).

 

Además, según ha asegurado el director del Centro de Regulación Genómica (CRG), Luís Serrano, "se vela para que los datos estén seguros y al alcance de la comunidad científica", uno de los aspectos que consideraron como fundamentales para llevar a cabo esta iniciativa.

 

La EGA, "al contrario que la base de datos americana", no rompe la cadena de confianza, ya que quién tiene el control de la información son siempre los comités éticos originales de los hospitales que recogieron aquellos datos con el consentimiento de los pacientes, ha añadido Navarro.

 

Navarro ha explicado que el problema que había antes era que, una vez hecho el análisis, se enviaban los resultados a publicación, pero esos datos se quedaban en un disco duro en la institución en cuestión.

 

Pero ahora, para solucionar este problema, mediante un sistema de encriptación seguro, y después de haber firmado un acuerdo con los investigadores originales, "enviamos los datos a un ordenador que no está conectado en la red".

 

Respecto al procedimiento que se sigue, Navarro ha detallado que cada vez que un científico pide los datos, estos se preparan dentro del ordenador seguro, se desencriptan y vuelven a encriptar con otra clave de seguridad, y luego se preparan en una caja virtual para distribuirlas.

"Además, mediante un correo físico o independiente, se les envían las claves para ir a recoger los datos y desencriptarlos".

 

Hoy en día, cerca de 12.000 investigadores de alrededor del mundo consultan y utilizan los datos almacenados en este archivo, aunque Navarro ha asegurado que los científicos tienen que estar vinculados con una institución médica y pasar unos controles de ética por parte de los comités de cada centro.

 

Además, los científicos están obligados a hacer públicos los resultados que hayan obtenido y se han comprometido a eliminar los datos, porque "desde su origen los pacientes firmaron el acuerdo con esta condición".

 

Asimismo, Navarro y Serrano han destacado la importancia de que la comunidad médica deposite los datos en esta gran base, a pesar de que aún se da el problema de la elaboración de estudios cuyos datos no se guardan.

 

"Es absolutamente necesario que los científicos compartamos este conocimiento con el colectivo médico para que el retorno a la sociedad sea real, eficiente y ágil", ha destacado Serrano.

 

Los datos del EGA están sincronizados físicamente en dos lugares distintos, uno en Barcelona y otro en Cambridge (Reino Unido), porque, si solo estuvieran en uno y hubiera algún problema, "habrían consecuencias catastróficas", ha justificado Navarro.

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